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De la imposibilidad de emocionarse
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Fui a una de las lecturas poéticas que organiza habitualmente el colectivo Poesía dispersa. Esta era aparentemente más atractiva porque había invitados ilustres, exponentes del grupito los llamados "poetas consagrados", entre ellos destacaba el clan Serrano-Navarro y un señor desconocido para mí: Harry Vollmer.
Poco público, como es normal que ocurra. Presentaciones breves que me dejaron deseando más de cada uno, excepto de la señora erótica -pues no me gusta ella ni su estilo-. Los Serrano-Navarro de nuevo me deleitaron con su sencillez y familiaridad, y ese toque abueloide que me resulta tan agradable -independiente de los marcados acentos políticos que puedo obviar e igualmente disfrutar, como buena joven conciente de las múltiples miradas que dan forma al universo ideológico-. Beatriz, a quién oía por primera vez, me sorprendió de la mejor forma. Jorge ya no me sorprende, sólo me hace admirarlo más.
Pero quien importa aquí -hoy- no puede ser nadie más que Harry Vollmer. Su trabajo es genial, y su simpatía, fuera de serie. Es el típico -y a la vez escaso- sujeto irreverente que cuenta las anécdotas sin tapujos y libera a su presentación del perímetro cuadrado semi formal que tan bien delimitan los poetas -valdivianos- cuando leen en vivo.
Ahora, ¿qué es lo que hace tan ganador -en mi ranking- a Harry Vollmer? Muy simple: que genera interacción y propone el diálogo simétrico. No se baja del pedestal porque nunca se subió. Habla como si estuviera en un bar con amigos. Aunque sin muchas copas, claro. El tipo es choro y puede transmitir y transmutar emociones al instante. Si lo escucho, ahora me estoy riendo, pero a los diez segundos estoy a punto de llorar. A mí eso me resulta fácil, soy fácil de conmover, pero lo que ese día me asombró fue la escasa libertad que tiene el resto para manifestar las emociones que están -o no están- sintiendo. Nadie se rie con los chistes, apenas esbozan una sonrisa sosa unos pocos, otros ni eso. Pensé: "pobre Harry". Nadie sonríe, aplauden sin ganas. Y yo que me reí en voz alta, me sentí culpable, ¿por qué?!! Porque me miraron raro...
¿Acaso no sienten nada?, ¿les da miedo mostrar que sienten algo?, ¿cuál será la respuesta?